Del 6 al 13 de septiembre, cristianos de diferentes países se unen para una semana de oración ininterrumpida, con un mismo propósito: exaltar el nombre de Jesús y orar por las naciones.
Esta semana comenzó una nueva edición de la Semana Global de Oración 24-7, una iniciativa internacional que invita a la Iglesia de todo el mundo a unirse en oración durante las 24 horas del día, desde el 6 hasta el 13 de septiembre. La propuesta es impulsada por Oración 24-7, un movimiento internacional e interdenominacional de oración, misión y justicia. Para esta edición de 2026, la organización tiene como lema “En el nombre de Jesús”, basado en Filipenses 2:9-11.
Una oración que atraviesa fronteras
La visión de esta semana es que cada nación pueda contar con un espacio dedicado a la oración, donde diferentes personas puedan reunirse para buscar a Dios y mantener una cadena de oración durante el día y la noche. Según los datos publicados por la organización, más de 2.100 salas de oración ya se encuentran registradas para esta edición de la Semana Global de Oración. Estas salas pueden funcionar en iglesias, hogares y otros espacios donde los creyentes se reúnen para orar.
La iniciativa no pretende que todos los participantes estén físicamente reunidos durante toda la semana. También existen posibilidades de participar de manera virtual o combinar encuentros presenciales con espacios de oración online.
“En el nombre de Jesús”
El lema elegido para este año está basado en Filipenses 2:9-11, donde Pablo declara que Dios exaltó a Jesús y le dio “el nombre que es sobre todo nombre”.
La organización explica que el propósito de esta semana es reconocer a Jesús como Señor de toda la tierra y llevar ese mensaje de esperanza a las ciudades y naciones. Más que simplemente completar horas de oración, la propuesta busca que la Iglesia pueda encontrarse con Dios y que esa experiencia se traduzca también en servicio, misión, unidad y amor hacia los demás.
¿Por qué una semana de oración?
La oración ocupa un lugar central en la vida cristiana. Sin embargo, esta iniciativa propone algo más: que creyentes de diferentes lugares y comunidades puedan dejar de lado sus diferencias y buscar juntos la presencia de Dios. La Semana Global de Oración nació después de una primera edición realizada en 2025 y vuelve este año con la intención de ampliar la participación y generar espacios de oración en más lugares del mundo.
Para quienes participan, no se trata solamente de pedir por las necesidades personales. La invitación también incluye orar por las naciones, las ciudades, las iglesias, las familias, las personas que sufren, los conflictos y aquellos que todavía no conocen a Jesús.
La organización también cuenta con recursos de oración y contenidos diarios a través de la aplicación Lectio 365, para acompañar a quienes desean participar durante estos días.
Una invitación también para Argentina
Aunque la iniciativa tiene un alcance internacional, el llamado también puede ser recibido desde nuestras propias ciudades y comunidades.
Argentina también puede sumarse a esta cadena mundial de oración. No hace falta pertenecer a una iglesia específica ni organizar un gran evento. Una familia, un grupo de amigos, una iglesia o una persona sola puede apartar un momento para buscar a Dios.
Porque la propuesta de esta semana no es solamente que miles de personas oren al mismo tiempo, sino recordar que la Iglesia puede unirse en torno a Jesús aun cuando esté separada por miles de kilómetros.
Como dice Filipenses 2:10:
“Para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra.”
Una semana, muchas naciones, un mismo nombre
En un mundo marcado por conflictos, incertidumbre, violencia y división, miles de cristianos están eligiendo una respuesta diferente: orar.
La Semana Global de Oración 24-7 continuará hasta el 13 de septiembre, invitando a creyentes de diferentes países a participar de esta experiencia de oración continua.
Quizás esta semana sea también una oportunidad para que nosotros hagamos una pausa.
Apaguemos un momento el ruido, dejemos de lado nuestras preocupaciones y recordemos que la oración no conoce fronteras.
Desde Argentina hasta cualquier rincón del mundo, una Iglesia puede levantar una misma voz:



