Hay momentos en los que uno ora y no pasa nada. Pedís por una situación que te preocupa, buscás una respuesta, preguntás qué camino tomar y, por más que insistís, parece que Dios no responde. Y cuanto más tiempo pasa, más difícil se vuelve seguir adelante.
Entonces aparecen preguntas que son muy humanas:
“¿Dios me está escuchando?” “¿Por qué no me responde?” “¿Hice algo mal?” “¿Por qué a otros sí y a mí no?” “¿Y si Dios se olvidó de mí o estoy actuando mal?”
Pero la Biblia no esconde estos momentos. Al contrario, nos muestra personas que amaban a Dios y que también atravesaron períodos en los que no entendían lo que Él estaba haciendo aunque suene repetitivo.
David, por ejemplo, llegó a decir: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” Salmo 13:1
Esto es importante porque David no recibió una respuesta inmediata y tampoco intentó aparentar que estaba bien. Le habló a Dios desde su dolor y es algo que nosotros necesitamos aprender. Tener fe no significa fingir que no nos duele, ni obligarnos a entender todo. Podés estar confundido y seguir buscando a Dios. Podés estar cansado y seguir orando. Podés no entender lo que está pasando y aun así decidir no alejarte de Él.
Pero entonces aparece otra pregunta ¿cómo hago para confiar cuando no siento nada y no tengo respuestas? Pasa que tenemos que entender otra cosa: el silencio de Dios no significa necesariamente ausencia de Dios.
La Biblia dice en Isaías 55:8-9 que los pensamientos y los caminos de Dios son más altos que los nuestros. Eso significa que no siempre vamos a entender lo que Dios está haciendo desde nuestra posición y algo todavía más importante: no debemos confundir lo que sentimos con lo que es verdad.
Que no sientas a Dios cerca no significa que Él se haya alejado, que todavía no tengas una respuesta no significa que Dios no te haya escuchado o que una oración no haya sido respondida como vos querías no significa que Él no esté obrando.
La fe no consiste en sentir que todo está bien. Muchas veces consiste en seguir haciendo lo correcto aun cuando no entendemos lo que está pasando aunque nos cueste.
Por eso, cuando Dios parece guardar silencio, ¿qué podemos hacer? Seguí hablando con Él. No necesitás hacer una oración complicada. Podés decirle exactamente lo que te pasa:
“Señor, no entiendo esto.”
“Estoy cansado.”
“No sé qué hacer.”
“Estoy enojado.”
“Necesito que me ayudes a confiar.”
Los Salmos están llenos de oraciones así. La Biblia no nos enseña a esconder nuestras emociones delante de Dios, sino a llevarlas a Él.
Después, volvé a lo que Dios ya dijo. Esto es fundamental.
Muchas veces queremos que Dios nos dé una nueva respuesta cuando todavía no estamos viviendo de acuerdo con las cosas que ya dejó claras en Su Palabra.
Si no sabés qué decisión tomar, quizás no necesitás una señal extraordinaria. Quizás necesitás volver a principios que Dios ya estableció: actuar con verdad, perdonar, amar al prójimo, apartarte del pecado, buscar sabiduría y hacer lo correcto aunque sea difícil.
Proverbios 3:5-6 dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.” Confiar en Dios no significa dejar de pensar. Significa reconocer que nuestra visión es limitada y que necesitamos Su dirección.
También hay que aprender a esperar sin quedarse paralizado porque tampoco hay que no hacer nada. Si estás esperando que Dios te muestre qué hacer, seguí siendo fiel en lo que ya sabés que tenés que hacer.
Trabajá. Orá. Estudiá la Biblia. Pedí consejo sabio. Cumplí con tus responsabilidades. Cuidá a las personas que Dios puso cerca tuyo. Alejate de aquello que sabés que te hace mal. Y cuando tengas que tomar una decisión, buscá sabiduría en lugar de esperar constantemente una señal.
Santiago 1:5 dice que si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios. Eso también es confiar. Y hay otra cosa que necesitamos tener cuidado de no hacer: pensar automáticamente que si Dios está en silencio es porque nos está castigando.
Sí, la Biblia enseña que el pecado tiene consecuencias y que debemos examinar nuestra vida. Pero no todo problema significa que Dios te esté castigando. Job sufrió muchísimo y sus amigos insistían en que seguramente había hecho algo terrible. Sin embargo, la historia demuestra que estaban equivocados.
Por eso, si estás atravesando un momento difícil, podés preguntarte sinceramente si hay algo que necesitás corregir delante de Dios. Pero no te condenes automáticamente pensando: “Dios no me responde porque ya no me quiere”.
Romanos 8:38-39 nos recuerda que nada puede separarnos del amor de Dios. Entonces quizás hoy no necesitás otra frase que te diga “esperá”. Quizás necesitás recordar que Dios sigue siendo Dios aunque todavía no tengas la respuesta. Y confiar no significa decir: “Sé exactamente lo que Dios está haciendo”.
Significa poder decir: “No lo entiendo, pero sé en quién estoy confiando.”
Hay oraciones que van a recibir un “sí”. Otras van a recibir un “no”. Y algunas van a tener que esperar. No siempre vamos a entender el motivo, pero mientras esperamos, no estamos llamados a inventar respuestas, desesperarnos por encontrar señales o abandonar nuestra fe.
Estamos llamados a permanecer cerca de Dios, buscar Su Palabra, pedir sabiduría, corregir lo que tengamos que corregir y seguir caminando. Algún día vas a mirar hacia atrás y vas a entender cosas que hoy no podés entender.
A veces la fe es seguir buscando a Dios incluso cuando todavía no tenés ninguna respuesta porque de todas formas Él ya es una respuesta.



