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¿Y SI DIOS NO QUIERE DEVOLVERTE LO QUE PERDISTE?

Hay frases que escuchamos tantas veces que terminamos repitiéndolas sin detenernos a pensar qué significan realmente.

Una de ellas es: “Dios te va a devolver todo lo que perdiste”. Y sí, Dios puede restaurar. La Biblia está llena de historias de restauración. Pero hay algo que tenemos que tener en cuenta y preguntarnos

¿Y si restaurar no significa devolverte exactamente lo que perdiste?

Porque cuando perdemos algo, muchas veces nuestra oración tiene una forma muy concreta. 

“Señor, devolveme esa relación.” “Devolveme esa oportunidad.” “Devolveme ese trabajo.” “Devolveme la vida que tenía antes.” “Quiero volver a ser como era.”

Y no está mal pedirlo. Dios conoce nuestros deseos, nuestras pérdidas y aquello que todavía nos duele. Pero también puede ocurrir que pasemos tanto tiempo esperando que Dios nos devuelva el pasado que no nos damos cuenta de que Él está haciendo algo nuevo.

Hay una diferencia entre devolver y restaurar. Devolver es recibir nuevamente aquello que perdimos. Restaurar puede significar algo mejor y sanar lo que esa pérdida rompió en nosotros, enseñarnos algo que antes no entendíamos, cambiar nuestra manera de mirar la vida, acercarnos a Dios o llevarnos por un camino que nunca habíamos imaginado.

Esto lo podemos ver en la historia de Job.

Él perdió muchísimo, bienes, estabilidad, salud, vínculos y la vida que conocía. Al final, Dios restauró su vida y volvió a bendecirlo. Pero hay algo que muchas veces pasamos por alto. Job no terminó simplemente recuperando cosas sino conociendo a Dios de una manera diferente.

Después de todo lo que había vivido dijo:

“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.”
— Job 42:5

Su vida no había vuelto a ser la de antes, había atravesado algo que lo cambió.

Esta es la parte de la restauración que nunca hablamos, porque a veces pensamos que Dios tiene que devolvernos exactamente aquello que perdimos para demostrar que nos escuchó.

Pero sabemos que nuestro Dios no piensa de la misma manera.

Que tu historia no terminó con esa pérdida. Todavía podés construir. Todavía podés amar. Todavía podés volver a tener esperanza. Que hay vida después de aquello que pensaste que te había quitado todas las posibilidades.

Quizás esa persona no vuelva tampoco esa puerta no vuelva a abrirse o esa etapa terminó para siempre. Y decirlo puede doler. Pero aceptar que algo terminó no significa aceptar que Dios terminó con vos.

Hay pérdidas que no se recuperan. Y mencionar esto también es parte de una fe madura. La fe no consiste en obligarnos a creer que todo va a volver exactamente como estaba.

La fe también es poder decir:

“Dios, yo hubiera querido que fuera de otra manera. Pero si no vuelve, igual voy a seguir caminando con vos.”

Porque si nuestra esperanza depende de recuperar aquello que perdimos, entonces nuestra esperanza queda atada al pasado. Pero cuando está puesta en Dios, podemos mirar hacia adelante incluso cuando no sabemos qué viene.

Es necesario escuchar esto

No tenés que recuperar tu antigua vida para volver a tener una buena vida. No tenés que volver a ser quien eras antes de aquella pérdida. No tenés que reconstruir exactamente lo que existía.

Dios puede hacer algo nuevo con vos.

Isaías 43:19 dice:

“He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis?”

A veces queremos que Dios arregle el pasado, cuando Él ya está trabajando en nuestro futuro. Y eso no significa que tengas que dejar de extrañar.

Podés extrañar y seguir adelante. Podés llorar lo que perdiste y aun así confiar. Podés reconocer que algo te dolió sin vivir esperando que vuelva. Podés agradecer por lo que fue sin necesitar que vuelva a ser.

Y quizás un día mires hacia atrás y entiendas que la restauración no llegó de la manera que imaginabas y no fue precisamente porque Dios negó tu oración sino porque estaba haciendo algo que vos todavía no podías ver.

No confundas restauración con regresar al pasado.

A veces Dios restaura tu vida precisamente porque no te permite volver a ser quien eras. Y si hoy estás esperando que Dios te devuelva algo, seguí hablándole de eso. Seguí orando. No tenés que fingir que no te importa.

Pero también abrí las manos, no te quiere devolver el pasado, quiere que conozcas algo nuevo y cualquiera de las dos cosas puede ser parte de su cuidado.

Tu historia no terminó en aquello que perdiste.

Voy a realizar algo enteramente nuevo. ¡Miren, ya he comenzado! ¿No lo ven? Abriré camino a través del desierto del mundo para que mi pueblo vuelva a su patria, y para ellos crearé ríos en el desierto.

Isaías 43:19

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